¡Bájele a la imaginación, presidente!

Foto: Presidencia
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Más que aeropuertos internacionales, lo que la región Caribe necesita es poner fin al suplicio de las impagables tarifas de energía. El fantasma de Goyeneche.

Durante su reciente periplo por la región Caribe, el presidente Gustavo Petro, como ya es costumbre, dio rienda suelta a su febril imaginación. Es bastante probable que las altas temperaturas hayan influido en ello. No es fácil lidiar con estos calores. En su incursión electoral por “los sures del Caribe”, Petro hizo anuncios de todo tipo, varios de ellos bastante exóticos y casi todos absolutamente irrealizables.

La inmensa mayoría de sus anuncios carecen de estudios previos, que permitan avizorar alguna viabilidad. Ninguno está soportado en una muestra rigurosa o en una proyección con el mínimo grado de certeza. Los únicos soportes que tienen todos los anuncios de Petro son su desbordante imaginación y sus preocupantes alucinaciones, las cuales –por desgracia– encuentran pleno respaldo en su cohorte de aduladores, que fungen de funcionarios del Gobierno, empezando por su gabinete.

La obsesión de Petro por los aeropuertos internacionales salió de nuevo a relucir, lo que hace pensar que sería bueno que en sus ratos libres tome un curso intensivo de aviación en la bautizada por él “Fuerza Aeroespacial de Colombia”, antigua Fuerza Aérea de Colombia. Así podría hablar con mayor propiedad sobre esos asuntos. Petro ya no solo quiere construir un aeropuerto internacional en la Alta Guajira, sino que también habrá –anunció– aeropuertos internacionales en Ayapel (Córdoba) y en Tolú (Sucre). El Caribe será, pues, la zona del país con más aeropuertos internacionales, porque a los anteriores hay que agregarle el de Mompox.

Los anuncios disparatados de Petro no son nuevos en la historia del país. En los años 60 y 70 existió en Bogotá un personaje estrambótico y pintoresco que aspiró en varias oportunidades a la Presidencia. Se llamó Gabriel Antonio Goyeneche, nacido en Socha, Boyacá, estudiante frustrado de Derecho y Veterinaria. En 1966 obtuvo el tercer lugar en la campaña presidencial. Mal no le fue. En aquella oportunidad nos salvamos de Goyeneche.

En la campaña presidencial de 1970, una de las promesas de Goyeneche que más llamó la atención fue la de “pavimentar el río Magdalena”, para facilitar el tránsito entre la Costa y Bogotá. Sostenía que ya que los remolcadores encallaban en la mitad del río, por cuenta del verano, “lo mejor es pavimentarlo”. ¿Pero cómo? Ante la pregunta insistente de los periodistas, Goyeneche respondía: “Fácil, como el río tiene mucha agua, solo hay que agregarle arena y cemento”. Su cohorte de aduladores, como era de esperarse, aplaudían a rabiar. “¡Qué inteligente!”, exclamaban.

También aplaudían cuando prometía que para acabar con la mala fama de la chicha, en su gobierno pasaría a llamarse champaña. Listo. Asunto resuelto. También se le ocurrió que las carreteras del país “solo se construirían en bajada”, porque de esta forma “los conductores se ahorrarían la gasolina”. El aplauso de su cohorte era atronador. Prometió también construir un gran techo sobre Bogotá para evitar la insoportable lluvia diaria. Y si el verano era muy intenso, decía que la solución era “dispararles con escopetas a las nubes”.

Goyeneche fue un visionario. Para combatir la pobreza, ofreció un programa que llamó “un rico diario”, que consistía en lo siguiente: el Gobierno escogería al azar todos los días una persona muy pobre a la que todos los colombianos le donarían un peso, así no solo saldría de la pobreza, sino que se volvería millonario. Eso se haría -decía Goyeneche– “hasta que no quede un solo colombiano pobre y todos seamos ricos”.

Es probable que en medio de tanto derroche de imaginación del que hizo gala Petro en su periplo por el Caribe, también le suenen algunas ideas de Goyeneche.

Volvamos a los calabacitos alumbradores, presidente

Petro está a punto de cumplir dos años en la Presidencia y sigue sin resolver el mayor y más grave problema que tiene la región Caribe: las impagables tarifas de energía. Esta tarea le quedó grande. Punto.

En lugar de desvariar ofreciendo aeropuertos internacionales a lo largo y ancho de la región Caribe, debería nombrar en propiedad todos los integrantes de la Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg), como se lo exigió la procuradora general, Margarita Cabello Blanco. Solo uno de los seis integrantes de la Creg ejerce en propiedad, los demás son interinos.

¿Por qué no lo hace? ¿Por qué no los nombra? A los alcaldes y gobernadores de la región Caribe los dejó plantados el viernes pasado, después de esperarlo por varias horas en Cartagena, porque –según él– los asistentes no eran suficientes. Petro achacó su ausencia al “desinterés de los gobiernos locales y departamentales”.

¿Qué pretende Petro? ¿A dónde nos quiere llevar con este delicado asunto? Solo falta que, como dijera el maestro Calixto Ochoa, pretenda cambiar las lámparas y bombillos por “calabacitos alumbradores”. Esa si es una forma efectiva de bajar las tarifas. Goyeneche no lo hubiera dudado un segundo.

¡Constrúyanse aeropuertos internacionales…!

En medio de las ventajas que tiene la construcción de aeropuertos en materia de movilización de turistas, también es cierto que su construcción produce graves efectos medioambientales, entre ellos el insoportable nivel del ruido que causa el constante tráfico de aeronaves. Por ello los expertos recomiendan construirlos en lugares alejados de los centros urbanos. Pero, al parecer, a Petro –tan preocupado por el daño al medio ambiente– este asunto no le preocupa, cuando se trata de aeropuertos.

Solo hay que recordar que Petro ofreció aeropuertos internacionales a Tolú, Ayapel y Mompox, que se suman al de la Alta Guajira. En la siguiente visita, seguramente, anunciará otros tres o cuatro más. ¿Quién los construirá? ¿Empresarios nacionales o extranjeros? ¿Cuáles son las garantías jurídicas para invertir miles de millones de pesos en su construcción y operación? ¿Los construirán las comunidades? ¿Con qué plata? ¿Con la misma plata de los hospitales y escuelas? ¿Hospitales o aeropuertos? ¿De dónde saldrán tantos recursos? Ni Goyeneche tuvo respuestas a tantas preguntas.

Se gobierna con sensatez y responsabilidad, presidente

Gobernar requiere de una enorme dosis de sensatez y responsabilidad. Gobernar es mucho más que mandar y ordenar. Quien gobierna sin sensatez se expone a que le pierdan el respeto. A que no lo tomen en serio, como sucedió con Goyeneche, quien por fortuna nunca nos gobernó.

La cordura es cualidad de todo buen gobernante. Sus anuncios deben ser todos verosímiles, aún los más descabellados. Gobernar bien requiere método, visión y planificación. La improvisación es la receta perfecta para que las políticas de los gobernantes fracasen.

No se puede gobernar con odios y resentimientos, porque se gobierna para todos, aún para los contradictores o –inclusive– los enemigos políticos. Cada mala decisión del gobernante se traduce en miles de millones de pesos perdidos, como pasó con los carrotanques de La Guajira.

A ello hay que sumarle la corrupción de funcionarios indolentes, a quienes les importa un comino la vida de los niños y los ancianos. No se gobierna con lluvia de ideas. Eso no es serio. Por algo Goyeneche nunca ganó la Presidencia.

¿Pavimentamos el Canal del Dique, presidente?

El Canal del Dique y por consiguiente la bahía de Cartagena están moribundos por cuenta de todos los deshechos que reciben de Colombia. Toda la basura del país arrojada al río Magdalena lo está matando. La solución es construir una serie de obras de ingeniería hidráulica que salven el Canal y rescaten la bahía de Cartagena.

Esas obras ya fueron adjudicadas y contratadas. Pero Petro se opone a ellas. Primero ordenó a la ministra de Ambiente, Susana Muhamad, que exigiera a la Agencia Nacional de Licencias Ambientales (Anla) una licencia ambiental que no se requiere y ahora salió con la flamante idea de que las obras del Canal del Dique deben hacerse mediante el cobro de valorización: es decir, mientras toda Colombia lleva años volviendo una cloaca tanto al Canal del Dique como a la bahía de Cartagena, el daño ambiental lo deben pagar “los ricos” que viven en inmediaciones del Canal del Dique y de la bahía de Cartagena, supuestos beneficiarios de las obras, según Petro.

¡Qué tal! Colombia entera acabó con el Canal del Dique –con las miles de toneladas de basura que arroja todos los días al río Magdalena– y los habitantes del Canal del Dique y de Cartagena tienen que pagar ese daño. Esa es la ayuda de Petro al Caribe. No nos quiera tanto, presidente. Ni Goyeneche se atrevió a llegar tan lejos.