Petro en su laberinto

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Luego de salir de Laura Sarabia y de Armando Benedetti, el presidente apunta ahora a la Rama Judicial.

Con la salida de Laura Sarabia de la Casa de Nariño y de Armando Benedetti de la sede de la Embajada de Colombia en Caracas, el presidente Gustavo Petro le bajó la temperatura a la mayor crisis que ha tenido que afrontar desde que asumió la Presidencia. La decisión de Petro dejó contentos a sus enemigos políticos, porque “comer funcionarios del gobierno” siempre produce un fresquito, pero también a los petristas pura sangre, que se sentían desplazados por Sarabia y Benedetti. Los únicos que no quedaron contentos por obvias razones fueron Sarabia y Benedetti, quienes consideran –cada uno por su lado– que la decisión de Petro no fue justa, puesto que, para cada uno de ellos, el que debió salir fue el otro.

La relación de Benedetti y Sarabia comenzó cuando el hoy exembajador en Caracas contrató a Sarabia para que hiciera parte de su UTL en el Senado. Gracias a su disciplina y eficiencia, muy pronto se ganó el cariño y el respeto de su jefe, quien luego la vinculó a la campaña presidencial de Petro.

Ya en la campaña, Sarabia cautivó a Petro por cuenta de su incansable capacidad de trabajo. Después de ganar la Presidencia, la única que tenía el puesto asegurado en el nuevo gobierno era Sarabia. Así lo dijo Petro. Una vez en Palacio, Sarabia se convirtió en la jefa del Gabinete y en la mano derecha del Presidente.

La relación de Petro y Benedetti, por su parte, contrario a lo que muchos piensan, fue muy cercana desde sus tiempos de senadores. Benedetti acompañó las “causas sociales” de Petro, inclusive llevándoles la contraria a varios de sus colegas senadores. En la campaña Benedetti se puso la camiseta con convicción y ordenó el caos que reinaba en el Pacto Histórico. Benedetti centró la campaña en la región Caribe y los resultados se vieron cuando Petro pasó a segunda vuelta y luego, cuando derrotó a Rodolfo Hernández. La región Caribe le puso a Petro 800.000 votos que fueron determinantes para su triunfo.

Después de ganar la Presidencia, Petro le puso la tarea a Benedetti de restablecer las relaciones diplomáticas y comerciales con Venezuela, que eran inexistentes por cuenta de la decisión que tomó el expresidente Iván Duque de romper todo vínculo con el régimen de Nicolás Maduro. Al igual que Sarabia, Benedetti también tiene buenos resultados que mostrar en las misiones encomendadas por Petro. Ambos se habían ganado el cariño y el respeto de su jefe y ambos gozaban de las mieles del triunfo y del poder.

Pero la luna de miel de Benedetti y Sarabia llegó a su fin por cuenta del ‘Niñeragate’, el escándalo que tiene a Petro contra las cuerdas, por cuenta de la interceptación ilegal del celular de Marelbys Meza, exniñera de la familia de Sarabia quien, según su antigua jefa, tiene conocimiento de la pérdida de 7.000 dólares, que habría recibido por cuenta de viáticos.

Una vez desatado el escándalo por la ‘Revista Semana’, Sarabia le declaró la guerra a Benedetti, a quien señala de ser el responsable de la filtración de la información a los medios de comunicación. ¿La razón? La exniñera Meza había laborado en la casa de Benedetti antes de trabajar con Sarabia. Luego trascendió que –poco antes de que estallara el escándalo– Meza viajó a Caracas en vuelo chárter para reunirse con Benedetti en la capital venezolana.

Hoy —pese a la decisión de Petro de retirarlos a los dos del gobierno— hay más preguntas que respuestas sobre el ‘Niñeragate’. Cada una de las partes tendrá que responder por su actuación. La situación de Sarabia –a quien Petro llamó “mi funcionaria querida y estimada”– es mucho más delicada que la de Benedetti. Su actuación, tanto en la ‘chuzada’ del celular de Marelbys Meza, como en su sometimiento a la prueba del polígrafo sin una orden judicial, compromete hasta su libertad, puesto que habría incurrido en delitos como abuso de autoridad y peculado, por disponer de bienes del Estado para dirimir asuntos privados.

¿Qué va a pasar con el ‘Niñeragate’ y con sus principales protagonistas, incluyendo al presidente Petro?

Laura Sarabia podría ir a la cárcel

La interceptación ilegal del celular de quien prestara sus servicios como niñera en la casa de Laura Sarabia es un asunto delicado y grave. Muy grave. Pero mucho más grave es pretender vincularla como “cocinera” al servicio de alias Siopas, jefe del clan del Golfo. La información falsa suministrada a un fiscal que investiga a esa organización criminal llevó a ordenar interceptar el celular de Meza. Pero –pese a la gravedad de esos hechos– Petro la emprendió de nuevo contra el fiscal Francisco Barbosa, a quien señaló de todos los males que le suceden, al igual que a la procuradora Margarita Cabello.

En lugar de comprar peleas con altos funcionarios del Estado, Petro debería apersonarse del ‘Niñeragate’ y exigir resultados muy pronto, caiga quien caiga, aunque se trate de su funcionaria “querida y estimada”. El nombre de la jefa del gabinete de Petro no puede figurar como partícipe en graves delitos, como peculado y abuso de autoridad, que la podrían llevar a la cárcel. En su discurso en la Escuela Militar José María Córdova, Petro también soslayó otro hecho muy grave: el sometimiento de Meza al polígrafo, en los sótanos adyacentes a la Casa de Nariño. Para desventura de Petro, aquí también figura el nombre de Laura Sarabia, su mano derecha y la persona con más poder en Palacio, después del propio Petro.

¿Volvieron las ‘chuzadas’?

La frase pronunciada de forma imprudente por el fiscal Barbosa, en el sentido de que habrían vuelto las ‘chuzadas’, revivió en la opinión pública el abuso del poder de la Presidencia en tiempos de Álvaro Uribe. Pruebas y testimonios demostraron que durante ese mandato se usó al desaparecido DAS para interceptar de forma ilegal conversaciones de magistrados de la Corte Suprema de Justicia, así como de periodistas perfilados como “opositores” y también de opositores políticos del gobierno, entre ellos el hoy presidente Gustavo Petro. Ahora un episodio, al parecer aislado, dispara todas las alarmas, pues muestra de nuevo el uso abusivo del poder de la Presidencia para propósitos privados.

Los hechos se limitan al hurto de recursos privados –sobre cuyo origen y monto hay dudas– ocurridos en un domicilio privado y del que se responsabiliza a empleadas particulares. El problema lo complejiza es el poder de la víctima del hurto: nadie más y nadie menos que Laura Sarabia, jefa de Gabinete de Petro. La conducción de la sospechosa sin orden judicial a instalaciones estatales, el sometimiento al polígrafo y la interceptación ilegal de comunicaciones es todo un arsenal que afectará al alto gobierno. La falsificación ideológica de un informe de Policía Judicial, en el que de manera infame se inventaron alias y roles, es un asunto demasiado grave para cualquier presidente, mucho más para aquel que prometió que algo así jamás sucedería durante su mandato.

La verdadera intención de Petro

El grave incidente del hurto, la interceptación ilegal de las comunicaciones de una de las sospechosas y la reacción del Presidente Petro, no pueden analizarse de forma aislada. ¿Por qué Petro en lugar de asumir la gravedad de los hechos, máxime dentro de un gobierno dirigido por quien fuera víctima de episodios parecidos, se ha dedicado a fustigar al Fiscal General de la Nación? La respuesta no puede ser otra que la intención manifiesta tanto del presidente como de su círculo más cercano, de desprestigiar la Administración de Justicia y a la Rama Judicial.

¿La razón? Es el único poder que ningún gobierno ha podido cooptar, típica maniobra de quien –aunque se presenta como demócrata– es el fondo una persona autoritaria y mesiánica. Y en ese propósito su interés incluye también desprestigiar la Procuraduría General de la Nación, la Fiscalía General y a los jueces de la República. Esa es la verdadera intención de Petro. En eso no podemos equivocarnos. Punto.

El sueño de Petro: cooptar la Rama Judicial

Aunque con algo de timidez, las primeras municiones de Petro contra la Rama Judicial se las disparó al Consejo de Estado, por cuenta de dos decisiones del alto tribunal que afectaron los intereses políticos del Presidente: anular la elección de Roy Barreras, ex presidente del Senado, por doble militancia, y la del Contralor General de República. Para Petro la independencia judicial es un invento “burgués”, pues debería estar al servicio del pueblo. Y si el pueblo es él, como lo repite con ínfulas gaitanistas, no entiende como es que pueden llevarle la contraria.

Pero por esa misma vía llega al sueño de su círculo político y jurídico más cercano –Iván Cepeda, Iván Velásquez, Marta Lucía Zamora, Inti Asprilla, entre otros– quienes promueven traer al país una “comisión judicial del exterior” que, como pasó en Guatemala, se ocupe de la corrupción. Obviamente que para los promotores de la idea, esa corrupción es la de todos los partidos, menos la de su partido. Ese es el verdadero peligro del proyecto de Petro: la cooptación de la Rama Judicial por la puerta de atrás, al crear un organismo paralelo de justicia, que no tenga ningún tipo de control por parte de la institucionalidad nacional. Ya se le empiezan a ver las orejas al lobo.